Estimulación Temprana, ¿cuándo es necesaria?

     

 

 

 

 

      La estimulación temprana es de vital importancia para el adecuado crecimiento de nuestro bebé.  Su desarrollo motriz, cognitivo y de lenguaje dependerán de la atención y dedicación que le ofrezcamos al momento de interactuar con él y de las oportunidades que, como padres, le ofrezcamos para desarrollar sus capacidades. Si recibe una buena cantidad de  estímulos desde su nacimiento, su cerebro podrá ir adquiriendo cualidades que le permitan crecer y madurar. Sin embargo, si nuestro hijo recibe estímulos pobres, de una forma irregular o en cantidad insuficiente, el cerebro no desarrolla adecuadamente sus capacidades al ritmo y con la calidad que cabría esperar.

 

 

 

 

      Cuando tenemos a nuestro bebé en brazos, nos vienen a la mente miles de preguntas: ¿A partir de qué mes puedo comenzar a estimularlo? ¿Es conveniente estimular a mi bebé siendo tan pequeño? ¿cuáles son los beneficios de la estimulación temprana? Seguramente has escuchado la frase que cita que el cerebro de un niño es como el de una esponja y, efectivamente, es así. Cuando un bebé nace, tiene millones de cualidades que pueden ser estimuladas por nosotros durante su proceso de maduración, ya que ellas son más receptivas y permiten, con mayor facilidad, el aprendizaje temprano de nuestros hijos.

 

       La estimulación temprana incluye un conjunto de medios, técnicas y actividades de base científica, que pueden ser aplicadas desde el nacimiento hasta los 6 años, franja de edad con mayor plasticidad cerebral, lo que permite que se establezcan conexiones entre las neuronas con más facilidad, rapidez y eficacia. En el caso de niños con discapacidad, esta estimulación se vuelve casi imprescindible.

 

 

 

      Como padres, muchas veces no sabemos cómo estimular bien a nuestros hijos, siendo importante abarcar todas las áreas del desarrollo (intelectual, lingüística, motora, sensorial y social), buscando un  equilibrio y el desarrollo integral de los pequeños. Por ejemplo, la estimulación de  la motricidad fina, permitirá a nuestro bebé alcanzar objetos, tocarlos y mantenerlos en las manos al tiempo que los exploran; si reforzamos el área motora gruesa, nuestro bebé irá adquiriendo fuerza y equilibrio en todo su cuerpo, lo que le permitirá levantar su cabeza, sentarse, gatear y caminar; a nivel cognitivo, fomentaremos la curiosidad, la conciencia de su propio cuerpo, y la resolución de problemas  simples; el lenguaje de nuestro bebé se traduce en llanto y algunos movimientos. En la medida que vayamos hablándole y calmándolo con caricias podrá sonreír e imitar sonidos mediante balbuceos., estimulando al mismo tiempo el desarrollo socio-afectivo, proporcionándoles un apego seguro.

 

 

 

      Es fundamental aprender como se comporta nuestro bebé, respetar sus necesidades, hacerle sentirse bien y cómodo y, lo esencial dedicarnos a jugar con él.  El aprendizaje se obtiene de la experiencia y es en el juego donde encontramos el mejor vehículo para proporcionarle esta experiencia en edades tempranas, siempre siguiendo su ritmo, sin presionarle. 

 

 

      Así que si sospechas que el desarrollo de tu bebé va por debajo de lo esperado, no dudes en contactar con un profesional especialista en Atención Temprana, para valorarlo y daros las pautas más oportunas para que consiga un mejor desarrollo.

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